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Ya no quiero correr

Ya no quiero correr

 

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No vayan a creer, quienes me leen o quienes incluso me conocen personalmente, que todo es miel sobre hojuelas cuando se trata de mi voluntad personal y mi compromiso con la corrida. Esto engaña fácil, las fotos, los snaps, todo el posteo puede hacer pensar que cada día que me levanto no puedo esperar para correr y correr y correr, que amo con locura el entrenamiento de fuerza que sueño con hacer series porque me fascinan, pero no, hay días que eso está muy alejado de la realidad. Pero igual lo hago.

El sábado pasado vino de muy lejos un gran amigo a quien siempre he querido mucho y respetado porque habla tan sabiamente que considero un alma vieja encerrada en un hombre de 35 años apenitas. Nada más me vio salir de mi casa, cojeando por las dos lesiones -y post 30 km mañaneros- me dijo….

«…no Doña Alín, ¿ya cojeando?… » «… corres mucho, ya no puedes..(y se rió) …»

Nos saludamos con mucha alegría porque teníamos dos años sin vernos, platicamos, nos pusimos al día, y después volvió a salir el tema de mi caminado de robocop, le conté que no podía parar porque tengo dos maratones a la vuelta de la esquina: México y Chicago, entonces me vio y me dijo entre risas:

» ¿Sabías que puedes no correr? , nadie te va a pedir que corras, no vas a quedar mal con nadie, te lo juro Alín, puedes decir que ya no corres, si quieres, mañana puedes ser dentista…» y nos cagamos de risa.

Efectivamente, podemos ser lo que queramos ser, podemos sufrir o no, nosotros siempre elegimos, así que ¿por qué elegimos el sufrimiento? Bueno, quién sabe, si algún dentista me lee, por favor, desmiéntame y dígame que su carrera también fue dolorosa, y así puedo no quejarme tanto de mis elecciones que he estado a punto de tirar por la ventana.

Hoy les escribo esto porque estoy ¡harta de correr!, soy humano y creo tener el derecho de cansarme, hartarme y odiar cada segundo de cada entrenamiento, de no disfrutarlo en absoluto y de quejarme, para luego sentir la satisfacción más grande de la vida cuando termino la distancia.

A veces amamos el proceso y otras veces luchamos con él. 

Lo bueno es que, como en los tamales, tenemos de chile, dulce y manteca, así que no siempre te toca del mismo sabor. Por lo pronto ahí voy hoy, mentando madres a correr.

¡Nos leemos!

Alín

 

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