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¿Puedo correr embarazada?

¿Puedo correr embarazada?

No me hincho como pavorreal cuando acepto que soy una persona juiciosa, siempre lo he sido y nunca me he esforzado en los propósitos de año nuevo por dejar de serlo y bueno, las mujeres embarazadas fueron, en algún momento, un blanco fácil para mis conjeturas (dale, que no estoy promoviendo ser así, pero así soy).

Mucho tiempo pensé que aquellas embarazadas viviendo en el sedentarismo eran nada más que flojas. No, perdón, corrijo: flojas inconscientes y embarazadas.

Hoy, además de tragar un exceso de saliva por las náuseas, me trago mis palabras y todo pensamiento que rondó sobre ese tema y las mujeres en estado gestacional. No podía estar más equivocada. Seguro que por ahí habrá alguna flojilla, pero la realidad es que aquellas personas que nunca han estado embarazadas, ni idea tienen de lo que se habla. Bull shit eso de “es el estado más bello de una mujer”, no no no señores, no es un estado bello, está lleno de incomodidades, vómito, picazón, peso extra, estreñimiento, senos gigantes y dolorosos, náuseas, calor, frío, insomnio, agruras, pelo que se cae, estrías salientes, dos mil idas al ginecólogo y mil cosas más. No me malinterpreten, lo bello es la ilusión y saber que al final de todo eso viene algo maravilloso. Eso sí que está bonito, pero el entre medio es una putada.

Total que, como corredora-embarazada y muy ilusa, cuando me supe en este estado, asumí que continuar corriendo sería fácil, mi rutina no cambiaría y mis kilómetros se mantendrían intactos y felices, como los de las que andan en las olimpiadas ganando sin haberse dado cuenta siquiera que están embarazadas, nada tendría que cambiar. Y ¡pum! que en cuanto me enteré, aunque mi ginecóloga me dijo que continuara corriendo como habitualmente lo hacía,  no pasó ni una semana para que la taza del baño y yo fuéramos una misma, todo el tiempo. Paré un poco entre semana y los fines de semana trataba de hacer un buen fondo para “reponer” todo lo que me había perdido de correr entre semana, todavía me acuerdo que me fui a la sierra y corrí 17 km a punto del vómito, pero lo logré y algunos fines de semana después corrí con Araiz 24 km y la pobre tuvo que ir a un paso muy tun tun por mi culpa y eso que tenía pocos meses, pero es que el malestar ya no me dejaba. Así fui tratando y tratando de salvar los fines y sus fondos con el pensamiento de que si al acabar me sentía muy mal, finalmente era fin de semana y no tenía que ir a trabajar después.

Dos meses

 

 

Dos meses y medio

Cada semana que pasaba, mi panza y mi malestar crecían y por ende, mis carreras se acortaban. Sufrí mucho porque me recriminaba el haber caído en el “floja e inconsciente” pero poco a poco pude permitirme no engancharme y entender que si había días que no me sentía bien, pues ni hablar, ese día no iba a ser y tan tan.

Ahora me he esforzado un poco más y he aprendido a escuchar mi cuerpo, hay días que sé que tendré las mismas náuseas sentada en el sillón que corriendo 5k, así que elijo lo segundo y hay otros que prefiero hacer una valoración y gana el sillón y mi malestar.

Claro está que no puedo hablar por todas las corredoras embarazadas, porque no siempre es la misma historia, yo misma sigo a muchas corredoras que casi se echan un fondazo el día que dan a luz y sí, las admiro y las envidio, pero no es que mi voluntad esté quebrada o me falte motivación, simplemente que el cuerpo no me da. Este fin de semana, por ejemplo, tenía la intención de correr 7k y cuando llegué a los 5.5 k la bebé me apretaba en cada paso la vejiga y hacía que, además de querer ir al baño, me diera como un “dolor de caballo” muy incómodo, así que completé mi distancia caminando. Y no pasó nada. No dejé de ser corredora.

5 meses

Mi intención con este post es compartirle a quienes están en la misma situación que yo, que no se desesperen, que van a leer mil artículos donde diga que sin problemas podrás correr estando embarazada (no están equivocados, pero algunas veces no aplican para ti) y te ilusione no tener que dejar de hacer lo que te gusta, sin embargo,de pronto tú no pudiste hacer lo que el artículo te juró y  no es que tus piernas no den o que estés impedida físicamente, es que finalmente, no te sentirás cómoda en todo momento y eso hará que tengas que olvidarte de corridas 5 días a la semana, ya sea porque tienes muchas náuseas, porque tu panza se puso muy grande, porque te falta el aire o  por mil achaques más que puedes tener. ¡Todo es cuestión de genes y suerte! No hay nada malo en ti, no eres una floja, así es tu embarazo y ya. Disfrútalo. 

Encuentra entonces actividades para no volverte loca recriminándote que no corres maratones, camina más o hazte amiga de los trotes cortos, de las elípticas, de los 5k y de los días de dormir un poco más mientras los demás corren. Y si eres de las malditas, digo, afortunadas que traen el gen del buen embarazo, ¡disfruta mucho seguir corriendo como si nada! ¡tienes mucha suerte!.

¡Nos leemos!

Alín

 

 

 

 

 

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