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No hay quinto malo. Los maratones del 2016

No hay quinto malo. Los maratones del 2016

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No espero nunca llegar al punto en el que el maratón me parezca una rebanada de pastel, porque entonces le habré perdido el respeto a la carrera y a todo lo que creo en la vida. Sueño y ansío tener nervios y ruidos en la panza las noches anteriores a los cuarenta y dos kilómetros. Anhelo que lleguen las ganas de llorar en el kilómetro 38, de alegría, de dolor, de desafío y de que estoy viva y ya casi llego una vez más. Eso es por lo que corremos los que corremos, por si acaso aquellos que siempre preguntan en una sobremesa, aún no lo comprenden.

Este año me he propuesto correr tres maratones, y así completar mis primeros cinco. Me inscribí primero al Maratón Internacional de la Ciudad de México porque es un hermoso recuerdo de lo que fue mi primer cruce de meta, lo corrí en el 2014 y fue la experiencia de mi vida. Mi mamá se inscribió también, porque después de hacerle mucho al cuento, estaba claro que había llegado su momento de enfrentarse a la distancia, así que la convencí. Luego de unas semanas ella me convenció a mí de inscribirnos a Torreón, muy rápido, muy lejano y muy emocionante. Así sería, primero Lala (donde esperamos con el corazón que mi mamá califique a Boston) con una ruta divina en altimetría, ánimos y organización en Marzo (¡¡ya en 6 semanas!!) y luego México, escénico hasta los huesos y por qué no decirlo: con subidas mortales, en agosto.

Así empecé el entrenamiento, siempre los hago de 20 semanas, porque aunque algunos piensen que es mucho, creo que es el tiempo más adecuado, no es tanto para que lo llegues a odiar y no es muy poco para que una gripa, boda o lesión te saquen de la jugada, es decir, tienes mucho margen, las distancias más largas están complementadas con semanas de descarga y el cuerpo va adaptándose a buen ritmo. Por lo menos a mí me ha funcionado.

Luego llegó Navidad, Año Nuevo y de repente….el mero 31 de diciembre tuve una epifanía (jajaja) mientras me lavaba los dientes: Chicago también.

Lo pensé y lo re pensé, muchas veces, hasta que le conté a Fer y me dijo que no había que perder más tiempo, había que prepararlo todo. Por suerte compramos los boletos de avión y pagamos el hotel justo unos días antes de que el dólar se disparara (todavía más) y se volvieran incomprables. Hicimos todos los trámites y ahí van, caminando… todavía nos faltan algunas resoluciones de situaciones migratorias, que de verdad, le pido al universo que tengamos buena suerte y cero impedimentos para viajar. Salir sorteada y ¡pum!, ahí está el quinto maratón, y sabemos que no puede haber quinto malo. 😉

Entre Lala y México hay 26 semanas, así que tengo tiempo de sobra para recuperarme y volver a empezar, pero entre México y Chicago sólo tengo 6 semanas, así que me la jugaré un poco y trataré de llegar en las mejores condiciones posibles. La emoción hace milagros (casi siempre).

Este año será muy emocionante y muy disciplinado, hay días que me levanto mientras los demás seres normales duermen, estamos a 3°, las manos me duelen de congelamiento y juro que esta vida miserable no debería elegirla nadie, pero luego se me olvida y me siento el ser más afortunado sobre la faz de la tierra. Hay que gastar la vida en las cosas que nos hacen muy felices. Porque de todas formas, con el tiempo, se gasta.

¿Qué te va a hacer feliz este año?

¡Nos leemos!

Alín <3

 

 

 

 

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