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La mágica pastilla para correr más rápido

La mágica pastilla para correr más rápido

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Vivimos buscando las soluciones en lugares equivocados. Vivimos creándonos una serie de ideas de que ciertas cosas producen ciertos resultados, o la carencia de éstas los dejan de producir. Cada día recibo preguntas extrañas sobre nuevas tecnologías para correr más rápido, para aguantar más tiempo bajo el agua, para comer 10 hamburguesas y no engordar. No se imaginan la cantidad de cosas en el mercado que prometen darte TODO LO QUE NO TIENES y se dicen ser básicamente LA PANACEA.

He visto, en este caso, deportistas que traen hasta el último gadget del desierto, les juro: manga, pantorrillera, tape, máscara hipóxica, monitor cardíaco, gps, app para compartir en facebook y recibir aliento, gel, amaranto con chía, espinaca con kale, isotónica efervescente,  tetrapak de claras, tenis carísimos de París, gorra que transforma el sudor en glucógeno… NADA DE ESTO SIRVE SI NO TE PONES A HACER TU CHAMBA. Quien quiera ser el mejor corriendo o nadando o atrás de su escritorio o en lo que quiera en la vida, no habrá nada que pueda comprar que lo haga ser el mejor (porque incluso ni arreglando una competición para ganarla serás el mejor, sólo seguirás siendo el mismo mediocre pero le sumarás algo de corrupción), todo es cuestión de hacer todo lo que tengas que hacer para lograrlo.

Tenemos tan al alcance de la mano la solución que nos pasa por en frente y ni cuenta nos damos, esa píldora mágica que nos da velocidad, determinación, resistencia, delgadez, mejores tiempos, musculatura, nos quita las lesiones y nos sube a nuestros propios podios, esa panacea, se llama DISCIPLINA.

Nada funciona mejor como la dosis diaria de esta pastilla. Cada quien tiene tanta como quiere o se queda sin nada cuando así lo desea, pero es el elíxir del éxito, sin dudas. En el deporte y en la vida.

Cuando vemos gente lograr metas, correr más rápido, durar más tiempo bajo el agua, patear más alto, hacer 100 burpees, apegarse a una dieta, no crean que estamos hablando de gente con alguna capacidad distinta, todos nacemos con el mismo chip listo para desdoblarse, la diferencia está en lo apretado del cinturón que nos detiene los pantalones.

El problema es que no estamos acostumbrados a lidiar con la sensación de incomodidad que en algún momento nos genera la disciplina y es parte del logro de objetivos y a la primera agitación o cansancio le damos la vuelta a la hoja y mejor buscamos otra cosa para hacer, somos fans del «no puedo» y fervientes seguidores del «5 minutitos más», lo cual nos hace eternos procrastinadores y flojos sin mayor meta en la vida que llevárnosla, ahí más o menos, siempre queriendo pero nunca logrando.

Creemos que la carencia de disciplina se sustituye fácil por un aparato tecnológico, una operación o un medicamento prometedor, pero nunca será así, por eso hay poca gente en la excelencia y millones en el promedio.

Aunque parezca este un post muy regañón, lo hago porque quiero que quien se encuentre en esta situación experimente a título personal la satisfacción de lograr algo que cuesta trabajo, que cuesta mucho, sea cual sea el caso y porque como deportista, cada día veo a la gente más atorada comprando y portando ¡cada cosa! en aras de ser mejores.  No hace falta dinero, no hace falta nada extrínseco, todo lo que necesitamos lo traemos en la cabeza. Hay que buscarlo y apechugar para aplicarlo en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Así que no gastes en nada que prometa darte cualidades que no tienes, porque aún invirtiendo una fortuna, después de comprado, tampoco las tendrás.

¡Nos leemos!

Alín 😀

 

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