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Correr: cuándo sí y cuándo no.

Correr: cuándo sí y cuándo no.
viñeta de @72kilos
viñeta de @72kilos

 

Desde que regresé del maratón de Chicago, me juré un descansito, consideré que lo merecía y pasé la primer semana sin correr ni un sólo kilómetro, luego regresé a la corrida pero obviamente con un kilometraje mucho más modesto, con ritmos mucho más lentos, sin preocupaciones, a veces sin gps, menos desmañanada y manteniendo la esencia de lo que me gusta de correr (correr) y eliminando lo que me estresó durante todo el año (la velocidad, el kilometraje, la hora que no haya sol, la comida, la hidratación y los dolores).

Ahora creo que ya es momento de recuperar el ritmo para prepararme para mis maratones del 2017 y todo está siendo un viacrucis. Volver a donde estaba me está costando muchos dolores de cabeza, porque les juro que ese momento en el que tengo que dar el primer paso, arrancar y correr, es el PEOR, no quiero, mi cuerpo se resiste, lucha conmigo, me dan dolores de panza, agruras, pantorrillas adoloridas, pompa inútil y todos los contras que se puedan imaginar, a veces cuando han pasado unos tres kilómetros todo mejora y vuelvo a sentir que soy yo y puedo correr como siempre, pero otros días siento que voy a vomitar durante todo el trayecto. Como en la vida, igualito.

El tema es que hay que correr cuando te sientes con ánimos de hacerlo, con disposición y con cuerpo a favor, y hay que correr CUANDO NO, TAMBIÉN. Eso hace la diferencia, eso te hace un bad ass.  Nadie lo va a hacer por ti y tampoco a nadie le importa si lo haces o no, así que está enteramente en función de tu coraje y disciplina, en que quieras soportar la adversidad y dejar las comodidades de la cama caliente o el sueño profundo, y sí puedes.

Cuando te estés poniendo los tenis y mientes madres, recuerda que en algún lugar del mundo, alguien está haciendo lo mismo, tal vez, hasta con más frustración. Tal cual programa de doce pasos, quiero que sepas que no eres la única persona que piensa dos mil veces si se para o no de la cama para ir a correr, no eres tú solo quien tarda sus buenos minutos en pelearse con ese yo interno que es un flojazo y que se rige por la ley del menor esfuerzo, no eres nada más tú el que se pregunta cuando su cara empieza a congelarse y le duelen los oídos por el viento frío, por qué chingados no eligió el ajedrez. Y no, no significa que «no estés hecho para esto».

 

 

Todos los hacemos en algún momento u otro, la clave está en hacer oídos sordos y pensar que hoy toca hacerlo de mala gana, pero siempre habrá días mejores que se irán multiplicando. Sé tenaz, es la mejor cualidad.

Al final, te olvidarás de esos días y las alegrías de ser corredor serán mayores, desplazarán los recuerdos de los momentos duros y te habrás superado. Luego, en algún otro momento, se repetirá todo el show y sabrás que la situación no es imposible de vencer.

Corre cuando quieras y corre también cuando no quieras.

¡Nos leemos!

Alín

 

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