BUSCAR

¡Así me fue en The North Face Ultra Trail México Series!

¡Así me fue en The North Face Ultra Trail México Series!

Seis maratones no te preparan para una carrera de montaña, la cosa es muy diferente (y muy bonita).

Llegó el día.

No cabía de emoción. Nos fuimos a Guadalajara el viernes 7 de Junio al medio día para alcanzar a llegar por el paquete, y qué bueno que fuimos previsores, porque lo cierto es que la fila estuvo imposible, le dábamos tres vueltas al innovasport y pensamos que nunca íbamos a salir de ahí. Finalmente nos dieron nuestros números, recuperamos la alegría de vivir y como ya era muy tarde, no alcanzamos a hacer nada, así que nos dispusimos a descansar en el hotel.

Al día siguiente sonó el despertador a las 6 am. Mi arranque era a las 8:00 y el de Fer era a las 9:15, así que estábamos bien de tiempo, nos quedamos de ver con Juan Carlos y Miguel para irnos juntos al Bosque de la Primavera. Llegaron a las 7 y nos fuimos muy contentos derechito a la zona de arranque, el clima estaba perfecto, nublado y fresco. Cuando llegamos al bosque ya no faltaba mucho para arrancar, así que nos preparamos, nos tomamos fotos  y casi luego luego nos formamos en la línea de salida, de ellos fue un trail más en su lista, mío fue el primero, así que estaba  muy emocionada.

Días antes, Miguel me dijo que llevara bastones, que me iban a servir muchísimo, a mí me dio un poco de nervio comprarlos porque nunca había corrido con bastones y claro, eso es algo que también se entrena. Total, ya no había tiempo, los compré y dije: “pos ya qué chingaos, si no puedo con ellos, los aviento”, fui a Wallmart, así que tampoco eran los bastones del año, por lo que no me dolería tantísimo el bolsillo si los tiraba a media carrera. Así que bueno, llegó el momento del arranque, súper diferente al arranque de las carreras de ruta, fue menos protocolario, más relajado, sin himno ni cosas así (gracias universo),y como supusimos que los bastones no los utilizaría hasta llegada una subidota (pero subidota) en el km 12, Juan Carlos se ofreció (o sea le enjareté) a llevarlos colgados en su mochila… total que yo lo veía y se le notaba incómodo, como que en cada paso le iban pegando, hasta que los quitó de la mochila y se los llevó unos buenos kilómetros en las manos, finalmente como en el km 5 nos separamos y me los entregó para cuando los necesitara. Gracias Juan, qué parote.

La ruta estaba divina, estaba todo tapizado de hojas del tamaño de mi cabeza que crujían bajo nuestros pasos, también tapaban las piedras y los hoyos, por lo que había que estar bien atentos porque esa cama tan divina de naturaleza podía estar escondiendo un buen punto para doblarte el pie o tronarte un dedo. Subidas y bajadas como toboganes, donde sólo cabía una persona y había que tomar el ritmo del corredor de adelante, aunque no quisieras y aunque llevaras prisa, así que fueron, sobre todo en esa primera parte, momentos de mucha presión porque sabía que, evidentemente, no iba a velocidad Jornet y escuchaba que atrás respiraban muy fuerte y muy cerca corredores más veloces que seguro estaban desesperados por pasar, pero bueno, así va la cosa y había que esperar. Estaba odiando los bastones, llevaba uno en cada mano y de verdad, con toda mi alma los maldecía; tengo una lesión en mi hombro derecho desde hace como 4 meses y cada paso que daba con el bastón en la mano crecía el dolor, así que no veía el momento de deshacerme de ellos, pero antes quería saber si de verdad, cuando llegara al punto donde ya no se podía correr, los iba a necesitar.

Llegamos al primer abastecimiento, pensé en sentarme un ratito en lo que me comía una barra o algo, pero la verdad es que decidí quedarme parada y moviéndome, comer algo rápido y seguir mi camino, total que fueron unos 5-10 minutos los que pasé ahí para luego arrancar otra vez, seguía la parte más difícil, la subida más dura y más eterna. Llegué a ese punto y cuando la vi, supe inmediatamente que de verdad los malditos bastones me iban a salvar la vida. Los abrí y empecé a escalar con ellos, es que les juro que era escalada, a subir eso no se le puede llamar ni senderismo ni corrida. Fue un tramo difícil pero súper bonito, el que más me gustó;  las piernas y los brazos quemaban y entre el silencio de la naturaleza lo único que se escuchaba, además de las hojas pisadas y los jadeos de todos los que íbamos subiendo, eran mentadas de madre a todo pulmón y reclamos al creador. Fue el punto con la vista más increíble, estábamos subiendo tanto que las nubes nos quedaron a la altura, cada metro que subíamos nos metía más en la niebla y justo a nuestra espalda, teníamos la barranca que dejaba ver las montañas tupidas y húmedas, sin un solo huequito entre los árboles, como colchones verdes llenos de agua, paz y vida.

Por fin llegamos al ápice, el final de la subida era el segundo abastecimiento y punto de control, me sentía muy bien, no sabía cuánto tiempo llevaba porque mi garmin se rompió justo a las 7 de la mañana, empecé la carrera con él en la mano pero precisamente cuando necesité los bastones lo refundí en lo más profundo de mi mochila, así que lo oía pitar cada kilómetro hasta que se quedó sin pila y aunque al principio me sentí desnuda de tecnología, luego lo olvidé por completo y dejó de importarme cuanto tiempo llevaba y en qué kilómetro iba. Total que en el punto de control comí naranjas con sal, tomé gatorade, un pedazo de barrita y me armé de valor para seguir, la gente del puesto nos dijo que ya seguía pura bajadita, así que me puse contenta y pensé en dejarme llevar. Para mi sorpresa, después de haber pasado no sé cuántos kilómetros en una subida tremenda, bajar fue el momento más doloroso, las piernas estaban muy traqueteadas y débiles, así que me temblaban a cada paso y los pies me dolían tanto que ya no sabía ni con qué parte pisar, así que extrañé la subida tan empinada. A los pocos minutos de bajar, una persona estaba avisando que en 800 metros estaría una desviación a la izquierda, que estuviéramos MUY ATENTOS a la IZQUIERDA, le agradecí la indicación y me puse atenta a la izquierda. Pero me faltó atención.

Vi una flecha verde efectivamente a los 800 metros, la flecha apuntaba hacia la izquierda, ajá, pero no vi por dónde a la izquierda, para mí era una pared de cerro y seguramente esa flecha me estaba anunciando que ya pronto estaría la desviación que me había prometido el chavo metros atrás. Como llevaba visera, nunca vi que arriba, en los árboles, estaba perfectamente señalizada la continuidad del camino. Así que yo, ilusa, seguí y seguí y seguí de frente, no iba nadie conmigo, ni delante ni detrás, me extrañó pero pensé que se habían quedado mucho tiempo en el abastecimiento, era pura bajada y era un camino ya hecho, lo cual se me hizo raro porque toda la ruta había sido prácticamente entre los árboles, pero continué corriendo, trotando y en algunos momentos caminando, porque me mataban los pies. Total que después de varios kilómetros de ir sola (nunca pasó por mi cabeza la idea de que estaba perdida) me topé con dos corredores que venían subiendo y me preguntaron que a dónde iba.. -pues, a la meta, y con cara de compasión me dijeron que ya llevaba como 3 kilómetros en la dirección equivocada, que ellos habían hecho lo mismo pero que habían ido todavía más lejos que yo y que había que emprender el regreso para reincorporarnos a la ruta de la carrera. ¡Qué! !Me iba a tardar horas!, 6 kilómetros en la montaña pueden traducirse en mucho tiempo, así que le hablé a Fer para decirle que no se preocupara, que estaba bien pero que iba a tardar mucho, tal vez una hora más de lo esperado, pero esa llamada sólo quedó en mi cabeza, porque cuando saqué el celular y marqué, la voz más odiada, la que se escucha en los peores momentos, en los de más necesidad y angustia, me habló al oído: “el saldo de tu amigo se ha agotado, te sugerimos adquirir una nueva ficha…” qué putada.

Abrí mis datos y mandé whatss a todo el que se me ocurrió, obviamente la primera fue mi mamá, porque ella tiene el teléfono de Fer y lo que quería era que él supiera que iba bien pero que ni de chiste iba a llegar en el tiempo que habíamos pensado, para que se quedara tranquilo y , luego a otros tantos más, por si mi mamá no lo escuchaba. A pesar de que el audio que le mandé estaba lleno de serenidad, simplemente avisándole que me había equivocado en el camino pero que no pasaba nada, que avisara a Fer y que, si podía, me pusiera crédito,  mi mamá casi activa la alerta amber, porque es mamá y se entiende la preocupación. Gracias ma.

Bueno, cuando por fin regresé y estuve en el punto donde debía doblar a la izquierda, había pasado más o menos una hora, ya casi no había corredores en esa parte y más bien empecé a toparme con los de 50k que estaban por  terminar. No me puse triste, ni me enojé ni me frustré, qué increíble sentirse así. Disfruté todo el rato que me quedó para terminar, me fui tranquila y despacio para poder ver el paisaje, me aventé unas bajadas mortales en la última parte y por fin, después de un millón de años, llegué contentísima y entera a la meta. Le di un beso a Fer y le di un trago grande a la cerveza helada con la que me recibió. ¡Que increíble carrera!.

Le pregunté a Fer cómo le había ido, él corrió los 6k y me dijo que bien, que según él, había quedado en onceavo lugar, así que lo felicité porque es una excelente marca, comimos chilaquiles y machaca y nos tomamos unas cervezas más. Qué les digo de Miguel y Juan, ellos ya llevaban como 2 horas de haber llegado. Les fue de dar envidia.

Al final,regresamos al hotel, nos bañamos y nos regresamos todos a León, no sólo estaba adolorida de las piernas, sino que los cachetes también me dolían de lo mucho que había sonreído en el camino, me la pasé tan bien que no puedo más que agradecerle a The North Face esta increíble experiencia. La ruta fue preciosa y todos los corredores estaban contentísimos, la atención fue de primera y en general el evento nos dejó a todos súper satisfechos, ¡esperamos volver el próximo año!

El miércoles siguiente vimos que los resultados ya estaban colgados en la página y nos dimos cuenta que ¡Fer había ganado el 3° lugar! nos dio mucha risa porque ¡él no es corredor!, pero ya que íbamos a ir a Guadalajara, “pa´no aburrirse mientras yo corría” decidió inscribirse a los 6k… y mira, poniéndonos en ridículo a los que entrenamos cada día de nuestras vidas. ¡Felicidades chulo! ¡un día quiero ser como tú!.

Gracias otra vez a The North Face por invitarme a participar con ustedes, a Juan Carlos y a Miguel que, a pesar de que son mis entrenos, esta vez ellos fueron quienes me ayudaron a sobrevivir  mi primer trail y a Fer por siempre estar ahí (y ganar).

¡Nos leemos!

Alín

 

 

 

Comenta

Comentarios

También Puede Gustarte